CCOO pide a los grupos parlamentarios y al Gobierno de Navarra que consensúen la política lingüística

    En una comparecencia parlamentaria Javier Barinaga ha afirmado que "es momento de construir puentes no muros"

     

    21/06/2018.
    BARINAGA

    BARINAGA

    Sin duda estamos ante un tema que merece la pena ser abordado con tiempo y tranquilidad, porque genera posiciones demasiado encontradas.

    Para CCOO es importante tener en cuenta que el euskera es uno de los elementos más sentidos y queridos por buena parte de la ciudadanía navarra, es un patrimonio cultural importante que merece ser respetado. Vivimos en una realidad plurilingüe, y lo reconocemos como algo positivo. El bilingüismo es un valor en alza en sociedades modernas, y en la nuestra así debería serlo.

    Es fundamental reconocer que el euskera y el castellano, las dos, son lenguas propias de Navarra. Históricamente desde diversas posiciones se ha despreciado esta realidad, tratando a una de las lenguas, a veces al castellano, a veces al euskera, como algo ajeno.

    Es momento de fomentar otra forma de abordar estos asuntos. Por eso queremos emplazar a todos los grupos parlamentarios a que consensúen una política lingüística adecuada. Cuestión delicada y complicada si ya, de entrada, nos encontramos con la ausencia de esta Comisión de dos de los grupos parlamentarios que cuentan con una importante representación.

    A pesar de ello, consideramos que estamos obligados a seguir haciendo un llamamiento a la generación de los consensos más amplios posibles, y es responsabilidad del actual Gobierno de Navarra hacerlo, para evitar una posible fractura social. Evidentemente no sólo el Gobierno, ni siquiera este Parlamento, con ser las dos instituciones con mayor carga de responsabilidad, son los únicos protagonistas en esta cuestión, también otras organizaciones y la sociedad en su conjunto.

    CCOO apuesta por un clima más conciliador, donde sea posible encontrar fórmulas relativamente satisfactorias para todas las partes, haciendo el esfuerzo por el encuentro. Toca construir puentes no muros. Es momento de ver al euskera como parte de nuestro patrimonio cultural; porque nunca se debería percibir una lengua como un elemento de confrontación.

    A nuestro juicio, en temas de tanta trascendencia es importante fomentar el consenso, para evitar un mal mayor que es el enfrentamiento entre comunidades lingüísticas. Para fomentar el uso del euskera y su normalización somos más favorables a los estímulos positivos que a la imposición.

    Desde CCOO hemos venido realizando propuestas que pretendían aportar un punto de equilibrio entre dos visiones excesivamente polarizadas. Como hemos dicho en otras ocasiones, tenemos que acordar con el mayor de los consensos para afianzar los derechos lingüísticos de las personas vascohablantes, sin imposiciones de ningún tipo que provoquen rechazo en las que no lo son porque se sientan amenazadas en sus derechos. Rebajar el enfrentamiento hará que cualquier cambio sea duradero y sea percibido por la mayoría de la sociedad como algo positivo y natural.

    Y conviene que en las cuestiones prácticas tengamos en cuenta este espíritu. Hay que facilitar cauces de uso al euskera que atiendan a la realidad social, de forma voluntaria y progresiva, tratando de evitar excesos.

    Creemos que hay que corregir algunas de las prácticas de la política lingüística de gobiernos anteriores, que supusieron un trato negativo hacia el euskera y una excesiva judicialización. Pero eso no puede justificar algunas medidas concretas que se están tomando, por ejemplo en el acceso al empleo público y que, a su vez, provocan también una excesiva judicialización.

    Imponer u obligar en asuntos lingüísticos, sin un consenso social y político, puede lograr objetivos opuestos a los deseados en las zonas donde se debería aplicar o entre sectores de la población castellanoparlante que no entendería dichas medidas.

    Sin duda la claridad sería algo que también podría ayudar al debate. Echamos en falta mayor concreción cuando se plantea la oficialidad del euskera en toda Navarra*. Mas allá de un deseo expresado, en lo práctico ¿qué supone eso?, porque la oficialidad, o la supresión de la zonificación lingüística, puede implicar derechos y obligaciones diversas. Hoy la ley del euskera no los contempla y, por tanto, no determina qué efectos tendrían esa oficialidad o esa supresión. En base a ello, a nuestro juicio, haría falta mayor claridad porque, seguro, nos ayudaría a debatir mejor.

    * Como en su día echamos de menos propuestas concretas sobre el establecimiento y funcionamiento de la lista única en Educación.

    Tampoco debemos olvidar el contenido del artículo 9 de la LORAFNA y los posibles recursos ante el Tribunal Constitucional de los grupos contrarios a esa pretensión.

    Como sindicato hay varias cuestiones que nos preocupan respecto al acceso al empleo público y a la valoración que se hace del euskera. Y consideramos que hay varias propuestas que asegurarían un avance del idioma con arreglo a los principios de voluntariedad, gradualidad y respeto:

    ü Los perfiles asignados a los puestos de trabajo de las administraciones deben responder a sus funciones comunicativas.

    ü Garantizar que la administración atienda en euskera a toda persona que lo desee no quiere decir que todo el personal público deba ser vascoparlante.

    ü Defendemos los itinerarios bilingües, para asegurar una atención correcta en euskera. Siempre unidos a un uso real.

    ü Se debe evitar la discrecionalidad. En puestos de trabajo donde no hay atención pública, ni necesidad de elaborar informes o documentos, el conocimiento del euskera o de otros idiomas no aporta ningún valor al servicio público y no deben ser exigidos

    ü Una baremación razonable. Nunca tratarlo como único mérito, si no lo convertimos de facto en un requisito obligatorio. No está justificado que una Administración como, por ejemplo, el Ayuntamiento de Pamplona valore exclusivamente el conocimiento del euskera. Es necesario incrementar el número de plazas con perfil de euskera para poder atender a la ciudadanía, pero esto poco tiene que ver con baremar el conocimiento de euskera y hacerlo además en exclusiva, para plazas que no tienen ninguna relación con la ciudadanía/ (“auxiliar de limpieza”, “titulado de grado medio nóminas” o “titulado grado medio del servicio de jardines”, por citar sólo algunos casos).

    ü Seguir potenciando la formación en euskera del personal público que lo desee. En paralelo, realizar un estudio de las personas que actualmente saben euskera dentro de la Administración. El objetivo de ambas medidas debiera ser el poder dar un mejor servicio público a la ciudadanía que desee relacionarse en euskera con la Administración. Y la herramienta a utilizar sería el concurso de traslado para ir cubriendo, de forma voluntaria con esas personas, las plazas que requieran el conocimiento de las dos lenguas.

    (Casi 1.200 personas con titulación de C1 o B2)

    Otro de los asuntos que ha generado bastante debate es la Ley Foral de Contratos Públicos, y su exigencia de realizar planes de euskera a las empresas adjudicatarias de servicios. Consideramos que en este aspecto es necesario hacer una valoración rigurosa del impacto real de la medida, lejos del oportunismo y la exageración. Esos planes de euskera, al no fijarse un mínimo ni un protocolo, pueden ser diversos y quedan a decisión de la propia empresa. No hay imposición de ninguna clase.

    La ley del euskera ya fue modificada para permitir que en toda Navarra se pudiera estudiar en el modelo D público, cambio que defendemos y valoramos. A partir de ahí, a nuestro juicio cualquier modificación de esta ley debería contar con una mayoría cualificada, que trascienda del cuatripartito. Sólo así lograremos consensos estables en el tiempo, y asumidos por una mayoría social.

    En CCOO opinamos que es tiempo de iniciar otro momento, desde el reconocimiento mutuo como forma de encauzar el tema, basado en la convivencia entre las diferentes lenguas. Diálogo y pacto sin exigir la renuncia a ningún planteamiento, sin imposiciones, respetando la realidad sociolingüística de cada lugar y la voluntariedad.

    Nuestro sindicato trabajará para facilitar esos consensos, para que tengamos un futuro en el que el euskera avance, sin necesidad de que una parte de la población sienta que se le impone o se le ningunea. Hay que evitar las miradas maniqueas que nos hacen elegir entre una cosa u otra, que desprecian el matiz y la reflexión.

    Hay debates que no se zanjan con una ley que cuente con el respaldo de 26 votos, y éste es uno de ellos. Sabemos que nos movemos en un terreno difícil, pero merece la pena hacer el intento de aprobar una norma con el respaldo suficiente para que no se derogue por otra exigua mayoría.

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